jueves, 29 de julio de 2010

Dia 1: Londres

A las 4:50 para arriba, empieza el asunto…
Por la huelga encubierta de controladores el avión despega a las 8:05, con 55 minutos de retraso. Aterrizamos en Heathrow a las 9:05 (hora british), bordamos el transfer, y llegamos al nuevo control de Brtish a las 9:25 (por el camino, conocemos a la Concha, una mujer rara que en ese primer momento habla de unos compañeros de los que nunca más se supo; y la Maria se pega un guarrazo en la recta final). Llegamos a las 9:25, la hora tope según la normativa British y nuestro billete era las 9:35, pero….. La desgraciada del recontrol de pasaporte de British no nos deja pasar y nos factura para el siguiente vuelo, el de la tarde, 7 horacas más tarde. Probablemente, lo que pasó es que ya habían dado nuestras plazas a los de la lista de espera porque no contaban con que apareciéramos a tiempo.
O sea, que como cuando fuimos a Estambul, teníamos 7 horas por delante para memorizarnos una terminal. La T 5 de Heathrow no está mal (tampoco mata), el problema es que por mucho que la exprimas, en un par de horas, ya no queda hueco por inspeccionar. Nos dedicamos a buscar internet para mandar mail al hotel de Delhi para cancelar (una, pena, lo del señor con el cartelito con nuestro nombre tendrá que ser en otra ocasión), leer, intentos de siesta, ver la BBC News (monotemáticos con que iban a enchironar a John Venables), repasarnos todas las tiendas de las que no íbamos a comprar porque no teníamos libras, y lo mejor de todo… a comer con los 10 pounds por perola que nos había “regalado” la British. Después de inspeccionar uno por uno los garitos, el elegido fue “The crown of the queen o algo así”. Yo rememoré buenas experiencias pasadas y me pedí un Haggis escocés, la María se pidió una hamburguesa por la aplastante lógica que llevaba patatas. Como sobraban más de 2 pounds, nos permitimos el lujo de pedirnos unos Muffins de postre.

A las 17:35, a la segunda, finalmente despegábamos hacía Delhi. Nos tocó la fila 24 (recomendable para los 777) y, como compañera de tresillo, la Concha. La mujer extraña que había compartido con nosotros el sprint inútil de la mañana. Resultó que lleva 20 años yendo a la India, que incluso su hija (?) está casada con un tibetano,nos dió las pautas básicas que ya sabíamos y que se resumen en que esto es la selva y que acojonan a cualquiera, nos recomendó Dharamsala (único punto con dudas de nuestra ruta, ahora más refrendado) y hasta nos dió un contacto allí. En el avión también conocimos a un matrimonio de madrileños mayores , que, cuando les explicábamos nuestros planes de viaje, nos miraban con cara de “pobrecicos, se los van a comer”. El vuelo transcontinental en sí es sin duda para nosotros dos uno de los puntos álgidos del viaje sea cual sea el destino. Estos de British han superado con creces a los 340 de Iberia. Con unas teles individuales, con pelis y series a tuttiplen. Yo me tragué: Clash of de Titans, y una cutre de Jennifer Aniston, pero entre eso, un par de capítulos (Frasier I Simpsons) y las 2 Meals, el vuelo se pasó volando. Lástima que al final aterrizábamos en Delhi a las 7:00 de la mañana hora local, llevábamos más de 24 horas casi sin dormir y la próxima cama se vislumbraba lejos.

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