Los hoteles en India no ofrecen desayuno y el check-out habitualmente es a las 9. O sea, que a las 8:59 bajamos las escaleras para dejar el hotel.
Vamos directos a dejar las mochilas en el local del que nos vendió la excursión. No es que de mucha confianza dejarlas allí más de 24 horas, pero total, tenemos poco que perder.
Volvemos a la tienda del indio de Mataró, me compro ropa para el desierto, la María compra 2 camisetas, y estamos con todo un buen rato allí, en el que hablamos de un montón de cosas, hasta me da tiempo de explicarle que el Valenciano no es un idioma diferente del Català. Quedamos que luego pasaremos para que una hermana le haga a la María una pintura de Hena de supuesta gran calidad.
El siguiente paso era visitar los templos jainistas que sólo dejan pasar a los turistas una hora al día (de 11 a 12), con la excepción de las mujeres con la regla que no pueden entrar en toda la semana .Nos queda media hora muerta y aprovechamos para buscar un sitio donde conectarnos a internet. No es muy complicado, el 90% de las tiendas de lo que sea también ofrece internet. Si la tienda es pequeña, lo que te ofrecen es conectarse a su ordenador a un módico precio.Eso sí, antes siempre te piden el favor que no le cierres la ventana en la que están bajándose pelis y música a tuttiplen. En este primer intento de conexión, en media hora casi no nos da tiempo a abrir el hotmail y el facebook, como era de esperar, el internet indio no destaca por su velocidad.
Poco antes de las 11 ya nos dejan a entrar a uno de los 7 templos jainistas que se visitan todos en pack porque están muy cerca unos de otros. A mi personalmente me encantan, muy viejos y con unas columnas llenas de detalles currados en piedra o en mármol. El 4º o el 5º es un poco más siniestro que los demás, está más oscuro y por eso cuando se nos ocurre mirar al techo (no precisamente alto) empezamos a ver murciélagos colgados, a decenas, a ras de nuestras cabezas, impresionan pero es de día y por tanto están echándose la siesta.. Pero la María se me caga, y más aun cuando un español le dispara el flash a uno que sale volando hacia nosotros. Hay que salir rápido.
Cupo cultural del día cubierto, volvemos al reencuentro con el indio de Mataró. Ya tiene preparada su “hermana” para que pinte en la mano de la María. La chica pone todo su esmero, pero por lo visto después parece que no era muy experta, y las críticas a su obra fueron duras. Mientras le hacían la Hena yo seguí departiendo con el indio que entre visita y visita se me había puesto la camiseta del Barça de la temporada 91-92.
Salimos de la Hena, volvemos a probar en otro internet: más de lo mismo, conexión cutre. Esta vez nos da tiempo a enterarnos que Contador ganó el Tour y Maria José hizo lo propio con Supervivientes.
Para comer, repetimos el mismo sitio de ayer (antiguo Little Italy), ahora nos toca en cojines por el suelo y otra vez salimos bien servidos.
A las 15:00 estamos ya en el punto de encuentro para empezar el safari. El de la agencia nos dice que los dos colombianos de los que nos habló ayer que vendría son baja de última hora, por diarreas de la chica, y de una sueca que también se habría inventado ni se acordaba con lo cual no creó excusa. Total, que en vez de en pequeño grupo nos toca ir solos a la excursión. Nosotros preferíamos ir acompañados, porque quieras que no, da un poco de mal rollo irse a dormir al desierto sin occidentales alrededor. Pero es temporada baja en la India y era previsible.
Nos acompaña al jeep y allí nos recoge el camellero con dos chavales que le ayudan. Las próximas casi 24 horas nos toca estar con ellos, de momento parecen poco habladores…
Arranca el Jeep para hacer unos 40 km en los que al apartarte de la ciudad se cogen los camellos en una zona realmente desértica. En el trayecto paramos en dos aldeas para bajarnos y dar una peqeña vuelta. Las aldeas en cuestión son realmente otro mundo dentro del ya otro mundo que es la India. Casas de barro, chozas, perros famélicos, y niños muy peqeños (porque los de más de 8 años ya deben estar trabajando) que agobian un poco.
La segunda aldea en la que paramos es la del camellero. Nos ofrecen thai (té con leche ardiendo que es la bebida más popular del país) y mientras preparan cuerdas para llevar a los camellos entablamos las primeras conversaciones. Cuesta entenderle porque el nivel de inglés que tiene es poco justo, el del resto que nos acompañarán es casi nulo. Descubrimos que somos de la misma quinta: todo un contraste, entre que yo aparento 10 años menos, y el aparentaba 10 más, está claro que la generación del 77 no puede ser más diversa. Creo que la hora que debimos estar en ese pueblo fue suficiente para ver la india rural auténtica, no había ningún turista y de nosotros más o menos se habían olvidado. Vimos como los niños juegan a cosas que en España dejaron de hacerlo hace 50 años, como cogen agua de los pozos, como cagan y mean en cualquier sitio y sin esconderse porque en las casas no tienen lavabos, mujeres que van con la cara tapada…
Por fin llegaron los camellos, los preparan y nos dice el tío que les sigamos. En la India, hemos descubierto que cuando te dicen que les sigas ya puedes espabilar porque los tíos enfilan directos al punto de destino a su ritmo y sin girarse para ver si les sigues. Nos llevan a las afueras de la aldea, en un abrevadero donde hay camellos, ovejas, cabras y vacas bebiendo. Allí hacen agacharse a dos que serán los nuestros y venga, a montarse. La María al principio un poco asustada, pero cap problema. El primer día se comportaron muy bien los animales. Sorprende un poco lo altos que son, diría que en los que me subí en Túnez hace un montón de años eran bastante más bajitos.
Empieza el garbeo de hora y media con los camellos y el teórico responsable, el camellero oficial, el único adulto, desaparece. El paseo lo hacemos en una comitiva de unos 10 camellos, en la que además de nosotros 2, hay 3 chicos y 1 niño que es el que va caminando, marcando la ruta cogido de nuestros camellos. El mío ha resultado ser hembra, y madre reciente, me paso todo el camino con la cría dándome cabezazos en los pies porque intenta mamar, aunque no lo consigue ni una vez.
Para mi muy bien el paseo, ideal la duración, si se coge uno más largo creo que ya debe aburrir lo de ir en el camello.
Llegamos al lugar donde vamos a cenar y dormir, es en medio del desierto justo al pie de unas dunas. Perfecto para hacerse las fotos. Es una lástima que está nublado y el atardecer no es de los mejores plásticamente. Allí ya reaparece el camellero, aunque va yendo y viniendo todo el rato. Mientras nos preparan la cena, descansamos relajadamen tomando otro thai .Llevamos un ritmo bastante intenso de viaje: en 3 días ya hemos ido en avión, tren, coche, rickshaw, barca, jeep, camello…. A parte de las pateadas.
La cena correcta, típica de la zona: arroz, patatas, verduras y unas tortitas de pan. Para bajarlo todo, Kingfisher, la San Miguel de la India. En el post cena, el camellero tiene un sospechoso cambio conductual, se vuelve enrollado, no para de ofrecernos más cerveza, cigarros, nos canta canciones, se interesa por nuestras vidas… si fuéramos mal pensados, parecería que se está trabajando la propina. La situación es un poco turistada, forzada, pero en un viaje de estas características es lo que hay, o lo tomas, o lo dejas, nosotros lo tomamos y no nos arrepentimos. Hasta les cantamos el himno del Barsa cuando insistían en que cantaramos algo de nuestro país.
Ya tenemos preparada nuestra cama en el desierto, que no es más que una manta sobre la arena de una duna y otra manta enrollada como cojín. Aquí cometo un error por quedar ya lejos mis años mozos, y me tumbo a media digestión. Si he bebido 3 cervezas mientras como, necesito hacer la digestión con delicadeza, al tumbarme se me revuelve todo y en segundos estaba potando en medio del desierto, parece que estoy muy acabado…. Sobre las 2 de la mañana empieza a llover, el camellero que está durmiendo a unos 50 metros de nosotros aparece con un plástico, menos mal que la lluvia no fue a más…. Y sobre las 4 el cielo se ha despejado, podemos ver la luna y bastantes estrellas.
Vamos directos a dejar las mochilas en el local del que nos vendió la excursión. No es que de mucha confianza dejarlas allí más de 24 horas, pero total, tenemos poco que perder.
Volvemos a la tienda del indio de Mataró, me compro ropa para el desierto, la María compra 2 camisetas, y estamos con todo un buen rato allí, en el que hablamos de un montón de cosas, hasta me da tiempo de explicarle que el Valenciano no es un idioma diferente del Català. Quedamos que luego pasaremos para que una hermana le haga a la María una pintura de Hena de supuesta gran calidad.
El siguiente paso era visitar los templos jainistas que sólo dejan pasar a los turistas una hora al día (de 11 a 12), con la excepción de las mujeres con la regla que no pueden entrar en toda la semana .Nos queda media hora muerta y aprovechamos para buscar un sitio donde conectarnos a internet. No es muy complicado, el 90% de las tiendas de lo que sea también ofrece internet. Si la tienda es pequeña, lo que te ofrecen es conectarse a su ordenador a un módico precio.Eso sí, antes siempre te piden el favor que no le cierres la ventana en la que están bajándose pelis y música a tuttiplen. En este primer intento de conexión, en media hora casi no nos da tiempo a abrir el hotmail y el facebook, como era de esperar, el internet indio no destaca por su velocidad.
Poco antes de las 11 ya nos dejan a entrar a uno de los 7 templos jainistas que se visitan todos en pack porque están muy cerca unos de otros. A mi personalmente me encantan, muy viejos y con unas columnas llenas de detalles currados en piedra o en mármol. El 4º o el 5º es un poco más siniestro que los demás, está más oscuro y por eso cuando se nos ocurre mirar al techo (no precisamente alto) empezamos a ver murciélagos colgados, a decenas, a ras de nuestras cabezas, impresionan pero es de día y por tanto están echándose la siesta.. Pero la María se me caga, y más aun cuando un español le dispara el flash a uno que sale volando hacia nosotros. Hay que salir rápido.
Cupo cultural del día cubierto, volvemos al reencuentro con el indio de Mataró. Ya tiene preparada su “hermana” para que pinte en la mano de la María. La chica pone todo su esmero, pero por lo visto después parece que no era muy experta, y las críticas a su obra fueron duras. Mientras le hacían la Hena yo seguí departiendo con el indio que entre visita y visita se me había puesto la camiseta del Barça de la temporada 91-92.
Salimos de la Hena, volvemos a probar en otro internet: más de lo mismo, conexión cutre. Esta vez nos da tiempo a enterarnos que Contador ganó el Tour y Maria José hizo lo propio con Supervivientes.
Para comer, repetimos el mismo sitio de ayer (antiguo Little Italy), ahora nos toca en cojines por el suelo y otra vez salimos bien servidos.
A las 15:00 estamos ya en el punto de encuentro para empezar el safari. El de la agencia nos dice que los dos colombianos de los que nos habló ayer que vendría son baja de última hora, por diarreas de la chica, y de una sueca que también se habría inventado ni se acordaba con lo cual no creó excusa. Total, que en vez de en pequeño grupo nos toca ir solos a la excursión. Nosotros preferíamos ir acompañados, porque quieras que no, da un poco de mal rollo irse a dormir al desierto sin occidentales alrededor. Pero es temporada baja en la India y era previsible.
Nos acompaña al jeep y allí nos recoge el camellero con dos chavales que le ayudan. Las próximas casi 24 horas nos toca estar con ellos, de momento parecen poco habladores…
Arranca el Jeep para hacer unos 40 km en los que al apartarte de la ciudad se cogen los camellos en una zona realmente desértica. En el trayecto paramos en dos aldeas para bajarnos y dar una peqeña vuelta. Las aldeas en cuestión son realmente otro mundo dentro del ya otro mundo que es la India. Casas de barro, chozas, perros famélicos, y niños muy peqeños (porque los de más de 8 años ya deben estar trabajando) que agobian un poco.
La segunda aldea en la que paramos es la del camellero. Nos ofrecen thai (té con leche ardiendo que es la bebida más popular del país) y mientras preparan cuerdas para llevar a los camellos entablamos las primeras conversaciones. Cuesta entenderle porque el nivel de inglés que tiene es poco justo, el del resto que nos acompañarán es casi nulo. Descubrimos que somos de la misma quinta: todo un contraste, entre que yo aparento 10 años menos, y el aparentaba 10 más, está claro que la generación del 77 no puede ser más diversa. Creo que la hora que debimos estar en ese pueblo fue suficiente para ver la india rural auténtica, no había ningún turista y de nosotros más o menos se habían olvidado. Vimos como los niños juegan a cosas que en España dejaron de hacerlo hace 50 años, como cogen agua de los pozos, como cagan y mean en cualquier sitio y sin esconderse porque en las casas no tienen lavabos, mujeres que van con la cara tapada…
Por fin llegaron los camellos, los preparan y nos dice el tío que les sigamos. En la India, hemos descubierto que cuando te dicen que les sigas ya puedes espabilar porque los tíos enfilan directos al punto de destino a su ritmo y sin girarse para ver si les sigues. Nos llevan a las afueras de la aldea, en un abrevadero donde hay camellos, ovejas, cabras y vacas bebiendo. Allí hacen agacharse a dos que serán los nuestros y venga, a montarse. La María al principio un poco asustada, pero cap problema. El primer día se comportaron muy bien los animales. Sorprende un poco lo altos que son, diría que en los que me subí en Túnez hace un montón de años eran bastante más bajitos.
Empieza el garbeo de hora y media con los camellos y el teórico responsable, el camellero oficial, el único adulto, desaparece. El paseo lo hacemos en una comitiva de unos 10 camellos, en la que además de nosotros 2, hay 3 chicos y 1 niño que es el que va caminando, marcando la ruta cogido de nuestros camellos. El mío ha resultado ser hembra, y madre reciente, me paso todo el camino con la cría dándome cabezazos en los pies porque intenta mamar, aunque no lo consigue ni una vez.
Para mi muy bien el paseo, ideal la duración, si se coge uno más largo creo que ya debe aburrir lo de ir en el camello.
Llegamos al lugar donde vamos a cenar y dormir, es en medio del desierto justo al pie de unas dunas. Perfecto para hacerse las fotos. Es una lástima que está nublado y el atardecer no es de los mejores plásticamente. Allí ya reaparece el camellero, aunque va yendo y viniendo todo el rato. Mientras nos preparan la cena, descansamos relajadamen tomando otro thai .Llevamos un ritmo bastante intenso de viaje: en 3 días ya hemos ido en avión, tren, coche, rickshaw, barca, jeep, camello…. A parte de las pateadas.
La cena correcta, típica de la zona: arroz, patatas, verduras y unas tortitas de pan. Para bajarlo todo, Kingfisher, la San Miguel de la India. En el post cena, el camellero tiene un sospechoso cambio conductual, se vuelve enrollado, no para de ofrecernos más cerveza, cigarros, nos canta canciones, se interesa por nuestras vidas… si fuéramos mal pensados, parecería que se está trabajando la propina. La situación es un poco turistada, forzada, pero en un viaje de estas características es lo que hay, o lo tomas, o lo dejas, nosotros lo tomamos y no nos arrepentimos. Hasta les cantamos el himno del Barsa cuando insistían en que cantaramos algo de nuestro país.
Ya tenemos preparada nuestra cama en el desierto, que no es más que una manta sobre la arena de una duna y otra manta enrollada como cojín. Aquí cometo un error por quedar ya lejos mis años mozos, y me tumbo a media digestión. Si he bebido 3 cervezas mientras como, necesito hacer la digestión con delicadeza, al tumbarme se me revuelve todo y en segundos estaba potando en medio del desierto, parece que estoy muy acabado…. Sobre las 2 de la mañana empieza a llover, el camellero que está durmiendo a unos 50 metros de nosotros aparece con un plástico, menos mal que la lluvia no fue a más…. Y sobre las 4 el cielo se ha despejado, podemos ver la luna y bastantes estrellas.
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