miércoles, 4 de agosto de 2010

Dia 11: Jaipur (Amber fort)

A las 9 de la mañana habíamos quedado con Sonu, un indio con el que hicimos ayer un viaje corto en su rickshaw, nos pareció diferente a los demás, y aceptamos su oferta para llevarnos al Amber Fort (que es a donde vamos todos los turistas el 2º día que estamos en Jaipur y, por eso, los de los rickshaws se ofrecen por anticipado). Este es un tío simpático, que sonríe mucho, que no agobia y sobretodo que conduce tranquilo y sin usar la bocina continuamente. Para convencernos nos enseñó su libreta de buenas referencias escrita por guiris de todo el mundo que han tenido experiencias positivas con él, había varios españoles flipadísimos que le mandan cartas y no paran de invitarle a España.

Arrancamos hacia el fuerte de Amber que está a poco más de 10 kilómetros de Jaipur. A medio camino se le pincha la rueda y toca parar a arreglarla. La suerte es que justo ha coincidido que estamos delante del Jal Mahal un pequeño palacio en medio de un lago que teníamos previsto parar al volver. Así que aprovechamos para verlo lo más cerca que se puede y echar las fotos. Mientras tanto, Sonu ya ha conseguido dos piedras para hacer de gato y un chaval que le ayude. La rueda la cambian rápido, pero para poner el parche a la pinchada se tiran media hora en la que aprovechamos para desayunar en una gasolinera que hay cerca.

Reemprendemos la marcha, a 1 km del final nos para en la cuneta para bajar a hacernos unas fotos en las que ya se puede ver el fuerte… ventajas de llevar un conductor simpático. Pero nuestra relación con Sonu empieza a deteriorarse cuando le decimos que vamos a subir al fuerte en elefante, que no nos importa pagar lo que haya que pagar, porque nos gusta gastar nuestro dinero en esas cosas y no en compras. Aun así nos advierte que no compremos nada dentro, que todo es de mala calidad, que el conoce sitios excelentes y baratísimos en los que además no presionan nunca al turista. Este pobre no se da cuenta todavía con quien se ha topado…

El fuerte de Amber es espectacular como lo son muchos por aquí. En realidad es un fuerte, más un palacio, más otros dos fuertes muy cercanos, más unas murallas en el lado opuesto de la montaña, más un lago artificial en la base. Todo en un valle un poco apartado. Muy bonito. Pero lo que hace especial a éste respecto al resto, es que para llegar a la puerta principal, el kilómetro de subida, se puede hacer en elefante. Como la cosa triunfa, se han subido a la parra y casi han duplicado el precio en los últimos años, es con diferencia, lo más desproporcionado que pagaremos en este país, pero hay que aplicar lo de que son cosas que se hacen una vez en la vida.

Nos subimos al elefante y para arriba. Es divertido, el animal va subiendo haciendo diagonales y tambaleándose, tranquílo. A mi me daba miedo alguna cosa que había leido sobre que estos elefantes están maltratados, explotados, etc. Quizás ha mejorado la situación recientemente, porque no me dio la sensación. Dentro de lo que es la India, estaban limpios, se les veía sanos y el párking donde se empieza, no era agobiante. Muchos seres humanos por aquí viven en peores condiciones. Cuando bajan solos sin turistas, van felices comiendo hierba y moviendo la cola. Igual es porque es temporada baja y al haber menor número de elefantes preparados, los pueden cuidar mejor. Resumiendo: toda una experiencia entrar por el porticón de un fuerte medieval a lomos de un elefante.

La visita al fuerte en sí, la hacemos a nuestro ritmo relajado, con la audioguía, y también salimos contentos. Al salir, compramos la típica foto tipo Port Aventura que nos habían hecho mientras subíamos con el elefante y bajamos caminando a reencontranos con Sonu.

Ahora, el tío pone toda la carne en el asador, y nos intenta convencer para ir a ver tiendas, pero fracasa. Como era previsible, cambio de actitud, no pasa a borde, pero desaparece el tío simpático.. Le decimos que simplemente nos vuelva a la ciudad y nos deje en el Mac Donald’s (no tenemos los estómagos como para jugárnosla). Como ve que no le queda otra, se pone a conducir,. Aun hace dos intentos más. Primero, nos para en un mirador para que echemos fotos, mientras nos da información cultural sobre Jaipur que deriva casualmente en que conoce a uno que tiene unas telas buenísimas que nos enseñará todo el proceso de elaboración sin pedir nada a cambio… declinamos una vez más su ofrecimiento. Y su último intento a la desesperada, ya en la ciudad, es pararnos delante de la tienda de un amigo suyo que vive medio año en Madrid y que le gusta mucho hablar con españoles. Tampoco cuela. Nos lleva donde toca, le pagamos y adiós (por la mañana nos había recibido con abrazos, ahora ni nos da la mano). Pese a lo escrito, para mi no fue una experiencia desagradable, creo que es lo máximo que podemos conseguir de cercanía con un indio con el que al fin y al cabo sólo te relacionas un rato mientras él está trabajando. Y mientras estaba simpático, fue muy interesante estar con él.

Después de comer, internet para intentar reservar los hoteles que nos faltan en nuestra ruta, pero a la María le vienen retortijones y como me ha salido especialita, no le gusta cagar de pié, en lavabos mugrientos y sin papel, y hay que volver urgentemente al hotel.

Ya no salimos más en todo el día. La María sigue con sus problemas estomacales, además el agobio de la India le ha desbordado, y va bien aislarse unas horas para que baje el nivel de las aguas.

martes, 3 de agosto de 2010

avance informativo

Ya estamos en Agra, acabamos de volver del Taj Mahal, increíble : ) !

Todo muy bien, intentaremos actualizar con lo que hicimos en Jaipur y Agra entre hoy y mañana si es posible. La conexion es complicadica por aquí...

Hasta pronto!!

lunes, 2 de agosto de 2010

Dia 10: Jaipur

La María no pasa buena noche porque uno de los compañeros de vagón era un indio que roncaba a pleno pulmón. Yo duermo irregular, pero suficiente.

La bùsqueda de hotel nos cuesta más de lo habitual. Ayer tuvimos el primer contratiempo al llamar por téléfono al de mejor pinta y comprobar que estaba lleno. Ahora vamos andando a uno relativamente cerca de la estación, pero el precio es muy superior al que pone la Lonely. Tras un duro regateo porque sólo tenemos 24 rupias sueltas, cogemos un rickshaw a otro y también está full. Al final nos metemos en otro cercano, que nos sale un poco más caro de lo habitual, por poco, pero entra en nuestro presupuesto. Ha sido un fallo del previaje, deberíamos haber venido con el tema hoteles más planificado.

Como la habitación ya está disponible, aunque son las 7 y poco, nos dejan ya meternos, y aprovecharmos para descansar un poco más antes de afrontar otro día que se prevee estresante. Jaipur es la capital del Rajastán, la más habitada, las referencias que tenemos es que vale la pena, pero que el listón de agobio vuelve a subir. La María se traga Scream 3 en uno de los pocos canales en inglés que se pillan en las teles de aquí, yo aprovecho para escribir.

A las 10:00 salimos directos hacia el Raj Mandir Cinema, ya que está tarde iremos a ver una peli de Bollywood, y hay que sacarse las entradas cuantos antes, que se ve que vuelan. El del rickshaw nos advierte que la zona es peligrosa, que no saquemos la cámara, etc. Tampoco hacía falta que diera muchos detalles, ya se veía. Sacamos las entradas, no si antes tenerme que imponer a unos que se colaban con todo el morro, hay momentos en los que por mucho positivismo que se tenga, sacan de quicio a cualquiera.

Hoy vamos a intentar seguir un paseo por el centro histórico que marca la guía, ya que esta ciudad es la única con una geografía urbana que no tira a priori para atrás, En teoría todo el centro es una cuadrícula tipo Eixample, pero como era de esperar, todo parecido es pura coincidencia. La puerta de entrada al centro es bonita, luego paseamos por bazares que aquí son más o menos temáticos, cambiando cada 2 o 3 calles de producto comercializado. Vuelve el caos con toda la fuerza, la María ya está harta de soportar este estrés, salva la situación los otros momentos maravillosos que hay en el viaje, pero por momentos, cuenta los días que faltan para volver.

Necesitamos parar para respirar, en las ciudades indias, eso se hace en interiores, metiéndose a cafés o restaurantes pijos, que para nosotros económicamente son tirando a baratos comparados con España. Entramos al LMB con la intención de también desayunar, acabamos saliendo a las 12:30 habiendo hecho un desayuno-comida. Nos pedimos unas cosas un poco raras para estar donde estamos: la María helado de chocolate con coca-cola (todo mezclado) y patatas fritas, yo un batido con helado de vainilla y chop-suey.

Vuelta al caos, en unos minutos necesitamos otro descanso de multitudes, lo hacemos visitando el Hawa Mahal (Palacio de los Vientos), un monumento con una fachada muy destacada, pero que por dentro la gente dice que no vale mucho la pena. Como es barato, y sirve para nuestro objetivo de desconectar, entramos. Es sencillo porque es un palacio muy especial, pero no está mal. La cosa es que sólo es un palacio de 5 plantas de alto y el ancho de una habitación, suficiente para ver vistas de la ciudad y relajarnos un rato en los patios. Lo de relajarse siempre es un decir, porque en el rato que estuvimos sentados en un banco, debimos ser fotografiados por unas 50 cámaras indias, a parte de los 4 o 5 que se sentaron a nuestro lado e intentaron darnos conversación para que acabaramos picando en alguno de los múltiples timos que se aplican por aquí. Desde el piso superior del Palacio, pudimos ver muy bien el Jantar Majar, un observatorio astronómico con más de 400 años, está en un patio contiguo a donde estamos, lo damos por visitado pues.

Otra vez a la calle, ídem. En este tramo, lo más destacado es que aceptamos que un túo nos haga una foto con una cámara de más de 150 años. Muy interesante. Nos coloca en un fondo negro, se tapa con una sábana detrás de la cámara como en las películas de época, nos echa la foto, vemos todo el proceso de revelado, y nos acaba dando el negativo y el original, además nos explica y enseña como funciona la cámara. Encima da directamente el precio justo, sin regatear, muy barato (unos 45 céntimos de euro). Ese hombre se merece un destacado en la Lonely y que todos los turistas se paren unos minutos con él.

Vemos por fuera el City Palace, que no tiene mala pinta, pero dicen que es parecido al de Udaipur que tenemos muy reciente, pasamos de entrar. Seguimos la ruta de la guía que de momento iba bien, pero por aquí acabamos perdiendo el camino. Pedimos ayuda y un voluntario al que seguimos 5 minutos, nos pierde aun mas. Acabamos cogiendo un rickshaw para acercarnos a la zona del cine, pero como todavía queda un rato, nos metemos en un cyber.

Y ya llega el plato fuerte del día: sesión de Bollywood en el cine Raj Mandir. Preparando el viaje, teníamos claro que algún día nos meteríamos a ver alguna peli. Buscando información encontramos que este de Jaipur destacaba sobre los demás. El cine en cuestión tiene por dentro forma de tarta de nata rosada. El vestíbulo es de lo más kitsch que uno se pueda imaginar. Todo con unas dimensiones gigantes, más grande que cualquiern cine de España. Y a todo eso se añaden, más de mil indios, emocionados por ver el último estreno.

La peli se llama “Khatta Meetha”, le preguntamos a un indio y nos explica que quiere decir “dulce y salado”, y que es una comedia. También aprovechamos para preguntarle otras cosas de Jaipur, muy agradable el hombre, ha venido con toda la familia al cine, se le ve un poco avergonzado por el lado oscuro de su país.

Empieza la peli en la pantalla y el espectáculo en el patio de butacas. Nosotros estamos en el sitio ideal para disfrutar la sesión: en la primera fila del piso de arriba. Cuando van saliendo los actores, el patio de butacas reacciona rugiendo, aplaudiendo, silbando; con las coñas se ríen eufóricos, aplauden cuando el bueno le pega una hostia al malo; silencio sepulcral cuando muere trágicamente la hermana del protagonista; etc… Divertidísimo.La peli es en hindi sin subtítulos, y dura casi 3 horas, pero no aburre para nada, se sigue bastante bien la trama en la que hay de todo, además de 3 números musicales que no vienen a cuento, y son de verlos para creerlos. Como esperabamos, otra experiencia inolvidable en la India.

Salimos rápidos del cine a un McDonald’s que tenemos localizado, no vaya a ser que los mil indios tengan la misma idea. Cenamos rápido y por primera vez cogemos una bici-rickshaw. Quizá es porque es de noche, ha llovido (no lo he comentado, pero justo antes del cine volvió a caer el monzón a lo bestia), y porque el tramo tiene alguna subida, pero nos arrepentimos. Bueno es culpa mía, la María ya lo veía. No lo recomendamos. Se hace muy duro ver al hombre pedaleando para llevarnos, nosotros nos sentimos casi como esclavizadores. Encima el pobre se pierde varias veces para encontrar nuestro hotel, llega un momento en el que es angustiante ver como sufre. Al llegar está sudando como si saliera de una sauna. Le damos más del doble de lo que habíamos pactado, algo impensable con los normales, pero es que la situación nos ha tocado emocionalmente. El hombre sonríe agradecido.

Confirmamos en el hotel que nos quedaremos una noche más, y se acabó el primer día en Jaipur. Mañana, elefantes.

domingo, 1 de agosto de 2010

Dia 9: Ultimo dia Udaipur



Diarrea, día 3.

Cuando diseñamos la ruta para el viaje, optamos por no intentar abarcar demasiado, renunciando a algunos lugares interesantes, y dejar algún día tanto para descansar como por si hacía falta por algún imprevisto. Total que el plan de hoy era a las 22:20 coger un tren hacía Jaipur y el resto del día relax y seguir con Udaipur pero sin complicarnos la vida.

Se me olvidó escribir el dia anterior, para salvar el honor del Dream Heaven, que por fin en este hotel había agua caliente en la ducha, y una buena presión. Hacemos el check-out, pedimos si podemos dejar las mochilas en algún sitio hasta la noche, nos insinuan que si cenamos en el restaurante, es posible. Para nosotros no es ningún chantaje porque ya nos va bien cenar aquí, o sea, que aceptamos y nuestras mochilas se quedan en un cuartucho con muy mala pinta, esperemos que no haya ratas.

Volvemos a desayunar al Edelweiss, yo no tomo nada, me espero a comprarme más tarde un par de plátanos en un puesto callejero, un acierto: buenos, baratos y me sientan muy bien al estómago.

No hay mucho que explicar en general de este día, nos dedicamos a pasear, entrar a alguna tienda de vez en cuando, sentarnos un rato en los sitios más relajados posibles, tomar algo en alguna cafetería con vistas… .

Lo del regateo, como siempre, exageradísimo. Compramos cosas por las que nos pedían 7 o 8 veces más al principio. Aunque a veces indignamos a alguno, uno nos echa de la tienda cuando le decimos que por lo mismo en Jaisalmer pagamos menos de la mitad de lo que pedía. Entramos a otra tienda a comprarme una camiseta, básicamente porque ya no me queda nada limpio, pero todas son de manga larga, se lo decimos al tío y, no problem, cuando me decido por una, en dos minutos, con una máquina de coser que tiene allí mismo, me la transforma en una camiseta de manga corta. Tienen recursos estos indios…

Para comer vamos en rickshaw a un restaurante con buena pinta de la guía que está fuera del centro, pero está cerrado… viaje en balde, toca volver, y nos han volado 50 rupias. Finalmente vamos a uno que nos recomendaron los catalanes que conocimos en Ranakpur: el Ambrai, un poco más caro de lo habitual, pero totalmente justificado. Por encima de la media en limpieza, servicio, etc. Se come en una terraza al borde del lago y a nosotros nos sirve para complementar, porque está en el otro lado del núcleo de la ciudad, con lo cual , las vistas son diferentes. Me vuelvo a pedir sólo arroz blanco y agua. Con esto, definitivamente consigo controlar la diarrea, espero no volver a tocar más el tema por aquí.

De nuevo, sobre la media tarde, llegó el monzón, potente. Si hubiéramos llegado un día más tarde a Udaipur, no habríamos podido disfrutar bien la ciudad, estos dos últimos días se ha suspendido el espectáculo de cultura india y los fuegos artificiales que nosotros pillamos el primer día. Esquivamos la lluvia primero en otra cafetería, luego en otro cyber y más tarde debajo de un arco en el Ghat principal. Caminando hacia el hotel, una vaca me enviste dos veces a mi, y luego también amenaza a la Maria: se ha puesto nerviosa porque va con la cría y por los chubasqueros que llevamos, los indios que hay por allí la ahuyentan y nos intentan relajar, pero no hace falta, no nos ha asustado mucho. Cuando seguimos la calle ya está liándola con otros turistas, pobre vaca.

Llegamos pronto al restaurante para cenar y recuperar las mochilas. Ultimas fotos a Udaipur y hacía la estación en rickshaw. Es el primero que cogemos con las calles tan mojadas y embarradas, acojona un poco más de lo habitual, pero es lo que hay. En nuestra línea habitual, acabamos llegando a la estación cuando aun falta más de hora y media para que salga el tren. Buscamos el sitio más tranquilo posible, las Waiting Room no nos convencen, y nos acabamos sentando en el suelo cerca de la garita del jefe de la estación, Nos rodean varios individuos sospechosos, pero sólo se dedican a observarnos desde la corta distancia. Al rato, se cansan de nosotros y hacen lo mismo con otros extranjeros.

Directos al vagón correcto, como hoy sale a las 22:20, hacemos las camas y a intentar dormir que a las 6:00 ya nos toca bajarnos en Jaipur.

Dia 8: Udaipur


Mi diarrea sigue sin síntomas de mejoría…

Nos lo tomamos con la calma, no salimos del hotel hasta casi las 10. Descubrimos que en un árbol a escasos 10 metros de nuestro balcón hay toda una comuna de monos instalados, no me hace mucha gracia que digamos…

Vamos a desayunar al Edelweis, un sitio que ayer nos dió buena pinta y se confirma. Pero es el último error que cometo, el desayuno tiene sus consecuencias, a partir de ahora, aplicaré con radicalidad la dieta del arroz blanco y agua.

La visita cultural del día es el City Palace, el más grande del Rajastán, 244 metros de palacio por 35 de alto. Es de la dinastía de los Mewar, todos unos feroces guerreros, fueron los únicos que no claudicaron a los mogoles en la Edad Media. También explicaban que son la dinastía más antigua del mundo, llevan desde el siglo VI encadenando reyes. Él palacio interesantísimo, esta vez la audioguía era un poco más floja, pero también molaba. A destacar la historia de uno de los reyes que por un error burocrático prometió a la vez a su hija con el príncipe de Jodhpur y con el de Jaipur, y por no ofender a ninguno, decidió matar a su propia hija. Nadie se atrevía a clavarle la espada, y finalmente optaron por envenenarla, le dieron 4 frascos y la tía aguantaba como si nada, al final, si que la mataron y entonces el padre se sintió mal y le hizo unas habitaciones de homenaje en el palacio… cuando conoces estas historias antiguas, entiendes mucho mejor la realidad del día al dia: viene de lejos la locura colectiva.

Al salir del palacio, paseamos un poco, en cuanto a agobio, al menos el centro histórico, está más cerca de Jaisalmer que de Jodhpur o Delhi, es decir, que podemos estar relativamente tranquilos. A comer vamos al Sunrise, aunque también sale en la guía, no lo recomendamos, demasiado cutre.

Luego por fin encontramos un ciber con buena velocidad y en el que las páginas se cargan a la primera. Nos estamos hora y media. Son descansos que hacen falta. Aquí, el chaval buscó un poco de conversación y volvió a flipar con que seamos pareja y no estemos casados.

Fuimos un momento al hotel y de casualidad nos encontramos otra escena imborrable. Vimos una multitud agolpada en la puerta de una casa, cuando nos acercamos vimos que agasajaban a un hombre mayor, preguntamos que pasaba y nos explicaron que se jubilaba despues de 60 a;os y le hacian un homenaje que es tipico en su cultura. Entre otras cosas, las mujeres le colgaban del cuello guirnaldas con dinero enroscado. Habia mucha alegria en el ambiente, muy emocionante, toda una experiencia.

El siguiente paso, fue el Jagdish Temple: un templo hindú consagrado a Khrisna. Una vez más, impresionante. Muy grande, arquitéctonicamente muy bonito, los detalles de las fachadas y las columnas espectaculares. Además en este había mucha vida: gente rezando, haciendo donaciones, niños jugando al escondite, monos… Dimos un poco de dinero que recaudan a diario para dar de comer a los pobres cada día de 11 a 12, curioso porque hasta me dieron un comprobante con la factura de lo donado, miraré a ver si me desgraba en el IRPF del año que viene.

Ya en las fotos del templo se podrá ver la que se nos venía encima, nubarrones muy negros. Justo al salir, caen las primeras gotas, todavía normal, pero con gran criterio, decidimos rápido ir al Edelweiss a resguardarnos. Estábamos empezando las coca-colas cuando por primera vez de verdad en este viaje llegó el Monzón. En el norte de la India, se tiran meses en los que no llueve prácticamente nada, y en Julio- Agosto les llegan las lluvias monzónicas. Muchas cosas giran alrededor de éso en un país tan tradicional y que todavía depende mucho de la agricultura. Pues bien, el monzón se caracteriza por lluvias muy intensas y a veces prolongadas. Lo que nosotros vivimos para empezar fue una especie de diluvio universal de más de dos horas. Aunque a algunos indios no les afectaba y los veíamos cruzar tan panchos en medio del aguacero.

Cuando aflojó un poco, ya eran las 19:30, la pillaremos empezada pero intentamos ir a alguno de los sitios en los que emiten a diario: “Octopussy”. Vamos a una especie de pequeño bar cerca de nuestro hotel, y ahí está la peli. El indio va anticipando las frases del diálogo, ya podrá el tío si se la traga cada día. Está siendo una experiencia curiosa, pero de golpe se va la luz, es la 4ª o 5ª vez que pasa desde que estamos en Udaipur, y como no tiene pinta de solucionarse, ya nos volvemos al hotel a cenar. La luz no volvió hasta media mañana del día siguiente, con lo cual nos toca orientarnos por el hotel con las linternas (que nadie venga a la India sin una!). Bajando de cenar, por unas escaleras mojadas, la María se resbala y por poco se descalabra. Hubo suerte, porque el golpe pudo ser tremendo, aun así, sí que se hace varias contusiones, doloroso pero nada que un ibuprofeno no pueda atenuar. Encima nos toca ducharnos sin luz y dormir sin ventiladores pese al calor habitual…Vaya manera de acabar el día…

Dia 7: Ranakpur / Udaipur

Habemus diarrea. Contra todo pronóstico el primero en caer he sido yo. A las 5 de la mañana, me levanto y empiezo a cagar líquido. A lo largo del día me tomo 2 fortasecs, voy soltando y parece que consigo controlarla.

A las 7:45 , check-out, y ya tenemos al chófer puntual listo para llevarnos de viaje. El coche tiene buena pinta, además lo pedimos con aire acondicionado. Pero cuando la María cierra su puerta, esta no cierra. 5 minutos y destornillador por en medio, se supone que lo arregla, aunque nos hace subir y bajar por la otra.

El conductor es del tipo indio que no habla. Cap problema, hoy lo preferimos así. Nos acabara cayendo bien. Es un tío legal, cuando el cobrador de un peaje nos quiere dar propaganda de un hotel, no quiere cogerlo. Hace la ruta que tocaba, no nos presiona para que comamos donde tiene comisión (aunque lo haremos voluntariamente) y al llegar a la ciudad, lo da todo para encontrar nuestro hotel en el habitual maremágnum de callejuelas.

El grueso del viaje es hasta Ranakpur, que son unos templos jainistas en los que pararemos expresamente para visitarlos y comer. Circular por carreteras indias, de nuevo es estresante. Sobre la conducción, vuelvo a posponer el tema, para un especial.

El paisaje va cambiando progresivamente, cada vez hay más vegetación, cuando llegamos a los templos ya parece que estemos en una selva sudamericana.

Con las prisas que se gastan conduciendo por aquí, llegamos a Ranakpur media hora antes de que dejen pasar a los turistas. Esperando para entrar conocemos a dos catalanes, por primera vez hablamos en catalán en este viaje, la María los deja impresionados con su nivel. Ellos están haciendo nuestra ruta pero a la inversa y un poco más hippy, para tramos largos, cogen autobuses. Son muy simpáticos, de los turistas más agradables que nos hemos encontrado, se lo cogían todo en positivo, uno nos explicó sus aventuras con una moto que alquiló, impresionante.

El templo principal tiene más de mil columnas, la mayoría talladas, ya llevamos cantidad de templos en el viaje, probablemente este será el más espectacular que veremos en la India. Yo tenía muchas ganas de llegar aquí, y no me decepciona. Y además, vuelve a ser todo tranquilo, sólo éramos unos 10 o 12 turistas.

En el rato de espera, el conductor ha arreglado la puerta, nos lo enseña con orgullo. Hacemos cálculos y decidimos comer en algún restauranten próximo por el camino. El conductor nos lleva a “Casa Manolo”, curioso nombre para un restaurante perdido en las montañas en el que el menú era típico indio. Las vistas desde allí también son muy bonitas.

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Seguimos el viaje, ahora atravesamos la reserva natural de Kumbalargh, hay letreros que advierten de la presencia de leopardos…. No hubo suerte y no vimos más que vacas y cabras, como siempre.

A las 16:00, como estaba previsto llegamos a Udaipur. Cuesta encontrar el hotel, pero al final, el conductor nos deja en la puerta del “Dream Heaven Guest House”. Cogemos habitación con balcón, con vistas al lago Pichola, que es lo más destacado de la ciudad.

Udaipur tiene fama de ser la ciudad más romántica de la India y se entiende. Tiene varios lagos, el principal, el Pichola, tiene un palacio flotante en medio, y en las orillas varios palacios y Havelis. El punto friky es que en esta ciudad se rodó “Octopussy”, una de James Bond con Roger Moore, y la ciudad está llena de referencias al tema. Entre otras cosas hay varios cafés en las que emiten la película cada tarde. Como vamos a estar 2 días y medio en esta ciudad, es muy probable que nos la traguemos.

Cruzando un puente desde el hotel, en el que hay que ir sorteando las vacas, ya estamos en el centro. Empezamos la visita yendo a un Ghat que son las escaleras de piedra típicas que hay al borde del río donde la gente hace de todo: se bañan, lavan ropa, hacen rituales religiosos… En el Ghat vemos el primer elefante de la India, el pobre estaba pintado como atracción para turistas horteras, como no, había unos japos que picaron.

Primeros paseos por las calles, y de nuevo buscamos conexión a internet, esta vez vamos a un sitio recomendado por la guía, pero era igual de lento que siempre. En el cyber conocimos a una californiana que está casada con un indio, nos enseñó fotos de la ceremonia de prometida, se ve que eran indios modernos, la aceptan muy bien y no tiene problemas, aunque la tía tenía clarísimo que en cuanto puedan se van a EE.UU. Nos recomendó especialmente Amritsar, que está en la última semana de nuestra ruta.

A las 19:00 empezaba un espectáculo de cultura india, música y danzas, el Dharohar. La gente lo recomienda, así que para allá que fuimos, sacamos entrada, y como quedaba un rato y estaba cerca, volvimos al Ghat a ver el ambiente que había por allí. El show era diverso, 5 o 6 números independientes, alguno un poco alargado, pero en general, nos gustó mucho. A destacar un primer número de teatro en el que reproducían una leyenda de dioses que daba un poco de miedo, sobretodo a los que estábamos en primera fila. Luego, también estuvo bien una danza de tres mujeres con unas vasijas con fuego en la cabeza, y un número de marionetas muy simpático. El momento estrella era una mujer que va bailando y va poniéndose en la cabeza cacerolas llenas de agua, acaba con nueve encima y bailando encima de cristales, muy impresionante, lástima que al estar delante del todo nos diéramos cuenta de que las vasijas eran de cartón y los cristales eran plástico.

Cuando acaba el show, estamos cansados y optamos por cenar en el hotel, que además también han conseguido que les destaquen el restaurante en la Lonely. Espectacular el lago y la ciudad iluminados mientras cenamos en la terraza, a una hora determinada incluso hacen fuegos artificiales. Quien quiera impresionar a su pareja, que se venga a Udaipur.

viernes, 30 de julio de 2010

Dia 6: Jodhpur

La cosa empieza mal, me despierto sobre las 8 y está lloviendo fuerte. Una hora más tarde se despierta la María, sigue lloviendo, y como una campeona se ducha en agua fría, yo sólo me atrevo a lavarme la cabeza. Cataremos el agua caliente en la India?…Cuando finalmente salimos a la calle, cerca de las 10, ya llueve flojo, parece que la cosa se arreglará, aunque por primera vez en el viaje nos ponemos bambas y calcetines, nos tememos unos charcos, con su barro y sus mierdas de vaca, de campeonato.

Directos a lo más destacable de Jodphur… otra vez, un fuerte, un castillo elevado imponente en las rocas. Pero este se lleva la palma. Muy impresionante, muy espectacular, maravilloso, aunque sea el tercero que visitamos, no nos cansa para nada el tema. Además, otra vez, nos sirve para descansar unas horas del bullicio que en Jodphur ya vuelve a ser un poco asfixiante. Este fuerte también tiene audioguía en castellano, lo cual hace todo más entretenido. Sacamos la entrada, y antes de empezar la visita nos desayunamos unas galletas artesanales en un bar que hay nada más entrar.

A Jodphur se la conoce como la ciudad azul, porque muchas casas están pintadas de ese color, por algún motivo religioso que no recuerdo y también porque es práctico para ahuyentar a los mosquitos. Desde el fuerte, con las vistas espectaculares que hay, nos queda claro el tema.. Vamos siguiendo la visita por el fuerte, una de las cosas que tocan es ver las huellas de las manos de las mujeres que se suicidaban ritualmente tirándose al fuego cuando sus maridos habían muerto o perdido alguna batalla. En una pared del fuerte, dejaban su huella antes justo de morir. Este fuerte está muy bien conservado y cuidado porque el maharajá actual, sin poder político, se dedica justamente a éso, a invertir en los monumentos históricos.

Como no queremos volver todavía al bullicio, nos quedamos a comer en un restaurante dentro del fuerte. En la mesa de al lado hay unos coreanos, uno de los cuales lleva la camiseta de la selección española de Puyol, parece que ha hecho furor la cosa.

Del fuerte nos vamos a un cenotafio (monumento funerario) cercano, de mármol, que a veces incluso comparan con el Taj Mahal. Este era bonito y tranquilo, en una semana podremos hacer nuestra propia comparación.

Seguimos visitando Jodphur por la zona de la torre del reloj, donde hay bazares y mercados, el típico caos habitual, pero soportable. Allí preguntamos como llegar a la tourist information porque tenemos que conseguir un coche con conductor para dar el siguiente paso del viaje: Udaipur. Está a las afueras de la ciudad, nos cuesta un poco encontrarla. Allí nos atiende un hombre del que costaría fiarse si no supiéramos que estamos en un edificio oficial del gobierno de Rajastán. Pactamos condiciones, y quedamos en que mañana a las 7:45 nos recogerá en el hotel el conductor con el que iremos a Udaipur, parando 2 horitas en Ranakpur, Total 8 horas de viaje.

Para acabar con Jodhpur, después de estudiar las guías e info sacada de foros, nos decantamos por ir a los jardines de Malore, queda un poco lejos, pero se supone que es un sitio bonito y relajante.

Lo primero lo era, lo segundo para nada. En el par de horas que estuvimos allí no vimos ni un extranjero. No lo he comentado todavía pero una de las cosas que más llama la atención cuando viajas a la India es el descaro con el que todo el mundo, desde los 2 a los 90 años, te mira. Exageradísimo. Cualquiera que haya ido puede explicarlo. Tienes la sensación de ser una estrella de Hollywood, continuamente se te quedan mirando, te persiguen, te hablan, te echan fotos como los paparazzis, incluso te piden que te hagas fotos con ellos… no es por interés de sacarte rupías, es porque llamamos la atención, les fascinamos, cuesta de entender porque turistas tienen que ver todos los días. Bueno, pues en los jardines de Malore la cosa se desbordaba por momentos. Te girabas de golpe y había familias completas siguiéndonos, si nos parábamos en un banco, se paraban con nosotros 10 o 12. Al pasar ibamos escuchando el ruido de sus cámaras disparándose.

A la entrada del parque había un grupo de unos 50 monos, sueltos. Observamos, y vemos que aunque tienen pinta de mala leche, la gente se acerca y les da plátanos. Yo me paro a un metro de uno para que la María me haga foto. Miro al mono, y el animal me saca los dientes y viene a por mi. Toca salir corriendo despavorido. Aunque fueron décimas de segundo, esta vez si que pasé miedo de verdad. Espero no haber desarrollado una monofobia, pero me lo pensaré mucho antes de acercarme a otro de esos bichos. Consejo para quien vaya por allí: no les mireis a los ojos.

Los jardines son recomendables, una vez más, un mundo diferente. Allí van las familias indias, a pasar la tarde, como en el Retiro o la Ciutadella. Pero aquí había detalles indios: chavales bañándose en un riachuelo, un parque de atracciones, el Fun World, en el que el avión del Tibidabo sería una atracción moderna….

Para volver a la ciudad, estrenamos medio de transporte: autobús. Tiradísimo de precio, los turistas no suelen subirse y se entiende. Tuvimos suerte que no se petó mucho, porque algunos que nos cruzábamos eran los típicos con gente casi saliendo por las ventanas..

Y hasta aquí Jodphur: un poco de internet, comprarmos algo para cenar en la habitación, y a descansar.