Mi diarrea sigue sin síntomas de mejoría…
Nos lo tomamos con la calma, no salimos del hotel hasta casi las 10. Descubrimos que en un árbol a escasos 10 metros de nuestro balcón hay toda una comuna de monos instalados, no me hace mucha gracia que digamos…
Vamos a desayunar al Edelweis, un sitio que ayer nos dió buena pinta y se confirma. Pero es el último error que cometo, el desayuno tiene sus consecuencias, a partir de ahora, aplicaré con radicalidad la dieta del arroz blanco y agua.
La visita cultural del día es el City Palace, el más grande del Rajastán, 244 metros de palacio por 35 de alto. Es de la dinastía de los Mewar, todos unos feroces guerreros, fueron los únicos que no claudicaron a los mogoles en la Edad Media. También explicaban que son la dinastía más antigua del mundo, llevan desde el siglo VI encadenando reyes. Él palacio interesantísimo, esta vez la audioguía era un poco más floja, pero también molaba. A destacar la historia de uno de los reyes que por un error burocrático prometió a la vez a su hija con el príncipe de Jodhpur y con el de Jaipur, y por no ofender a ninguno, decidió matar a su propia hija. Nadie se atrevía a clavarle la espada, y finalmente optaron por envenenarla, le dieron 4 frascos y la tía aguantaba como si nada, al final, si que la mataron y entonces el padre se sintió mal y le hizo unas habitaciones de homenaje en el palacio… cuando conoces estas historias antiguas, entiendes mucho mejor la realidad del día al dia: viene de lejos la locura colectiva.
Al salir del palacio, paseamos un poco, en cuanto a agobio, al menos el centro histórico, está más cerca de Jaisalmer que de Jodhpur o Delhi, es decir, que podemos estar relativamente tranquilos. A comer vamos al Sunrise, aunque también sale en la guía, no lo recomendamos, demasiado cutre.
Luego por fin encontramos un ciber con buena velocidad y en el que las páginas se cargan a la primera. Nos estamos hora y media. Son descansos que hacen falta. Aquí, el chaval buscó un poco de conversación y volvió a flipar con que seamos pareja y no estemos casados.
Fuimos un momento al hotel y de casualidad nos encontramos otra escena imborrable. Vimos una multitud agolpada en la puerta de una casa, cuando nos acercamos vimos que agasajaban a un hombre mayor, preguntamos que pasaba y nos explicaron que se jubilaba despues de 60 a;os y le hacian un homenaje que es tipico en su cultura. Entre otras cosas, las mujeres le colgaban del cuello guirnaldas con dinero enroscado. Habia mucha alegria en el ambiente, muy emocionante, toda una experiencia.
El siguiente paso, fue el Jagdish Temple: un templo hindú consagrado a Khrisna. Una vez más, impresionante. Muy grande, arquitéctonicamente muy bonito, los detalles de las fachadas y las columnas espectaculares. Además en este había mucha vida: gente rezando, haciendo donaciones, niños jugando al escondite, monos… Dimos un poco de dinero que recaudan a diario para dar de comer a los pobres cada día de 11 a 12, curioso porque hasta me dieron un comprobante con la factura de lo donado, miraré a ver si me desgraba en el IRPF del año que viene.
Ya en las fotos del templo se podrá ver la que se nos venía encima, nubarrones muy negros. Justo al salir, caen las primeras gotas, todavía normal, pero con gran criterio, decidimos rápido ir al Edelweiss a resguardarnos. Estábamos empezando las coca-colas cuando por primera vez de verdad en este viaje llegó el Monzón. En el norte de la India, se tiran meses en los que no llueve prácticamente nada, y en Julio- Agosto les llegan las lluvias monzónicas. Muchas cosas giran alrededor de éso en un país tan tradicional y que todavía depende mucho de la agricultura. Pues bien, el monzón se caracteriza por lluvias muy intensas y a veces prolongadas. Lo que nosotros vivimos para empezar fue una especie de diluvio universal de más de dos horas. Aunque a algunos indios no les afectaba y los veíamos cruzar tan panchos en medio del aguacero.
Cuando aflojó un poco, ya eran las 19:30, la pillaremos empezada pero intentamos ir a alguno de los sitios en los que emiten a diario: “Octopussy”. Vamos a una especie de pequeño bar cerca de nuestro hotel, y ahí está la peli. El indio va anticipando las frases del diálogo, ya podrá el tío si se la traga cada día. Está siendo una experiencia curiosa, pero de golpe se va la luz, es la 4ª o 5ª vez que pasa desde que estamos en Udaipur, y como no tiene pinta de solucionarse, ya nos volvemos al hotel a cenar. La luz no volvió hasta media mañana del día siguiente, con lo cual nos toca orientarnos por el hotel con las linternas (que nadie venga a la India sin una!). Bajando de cenar, por unas escaleras mojadas, la María se resbala y por poco se descalabra. Hubo suerte, porque el golpe pudo ser tremendo, aun así, sí que se hace varias contusiones, doloroso pero nada que un ibuprofeno no pueda atenuar. Encima nos toca ducharnos sin luz y dormir sin ventiladores pese al calor habitual…Vaya manera de acabar el día…
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