La idea es ver amanecer en el Taj Mahal, para éso nos levantamos poco después de las 5:30. Aunque como presagiábamos el día no acompaña del todo, está nublado y hay una bruma que no dejará ver el sol hasta que no esté alto. Llegamos a la puerta Este antes de las 6, pero… error, las entradas hay q sacarlas en una taquilla que está a un kilómetro (no hubiera estado mal algún aviso en la recta que acabamos de patearnos). Menos mal que hay un carrito eléctrico que nos lleva y nos trae de vuelta.
Al segundo intento, lo conseguimos: entramos en el Taj Mahal. Hay más turistas de los que nos gustaría, pero todavía son sólo unas decenas. Lástima, porque antes tenía pinta de no haber casi nadie.
Como es conocido, es un mausoleo que hizo construir el emperador Sha Yahan después del disgusto que le suposo la muerte de su mujer favorita en el parto nº 14. Como se ve que el hombre estaba muy enamorado y ella era muy guapa, quiso hacer algo que pasara a la eternidad y es impepinable que lo consiguió.
Aunque no es la opinión unánime en nuestra pareja, yo opino que estar delante del Taj Mahal, ya compensa todo el gasto económico, complicaciones y agobios, que supone cruzarse medio mundo para viajar por la India. Impresionante, espectacular, deja sin respiración…no defrauda, para mi es sin duda lo más bonito que ha construido nunca el ser humano. Insuperable. Hay un punto exacto, a una distancia media del monumento, en el que te ocupa todo el campo visual, y se puede disfrutar todo el juego de simetrías entre el edificio y los jardines que le rodean, que hay que estar allí para que te impregne. No pasa como con otros monumentos que cuando llegas delante tienes la sensación de que no te sorprenden porque llevas toda la vida viéndolos en fotos. En éste se sienten cosas especiales estando allí. Hay que ir.
A estas alturas ya no nos sorprende, pero supongo que el que empiece el viaje por Agra, alucinará con que la mayoría de turistas indios nos echaban más fotos a nosotros (y al resto de occidentales) que al monumento. En concreto, había dos japonesas a las que tenían martirizadas.
Nos tiramos más de 3 horas por allí, el mausoleo en sí se ve en 5 minutos. Volvemos al hotel, desayunamos, nos duchamos, internet y de vuelta al lío. Es imprescindible coger un hotel cerca del Taj, sobretodo si se quiere visitar temprano, además la zona es tirando a tranquila.
Agra es una ciudad grande, desperdigada. En los foros de viajeros tiene especial mala fama. Veníamos alerta, pero al final, nos ha parecido de las menos agobiantes que hemos visitado.
El siguiente punto de visita fue el Agra Fort. Otro fuerte (y van cinco). Está bien, pero vistos otros, éste no mata. Aunque creo que vale la pena. Además se ve bonito el Taj Mahal a lo lejos. En este fuerte resulta que pasó los últimos 8 años de su vida, el que construyó el Taj, encarcelado por su propio hijo. El pobre, miraba todo el día amargado el mausoleo de la otra, cuando la palmó, lo llevaron directo por el río para enterrarlo con ella.
Hacemos un cambio de planes, y aunque ya tocaría comer, vamos al último punto de visita programado: el Baby Taj. Así llaman a otro mausoleo mucho más pequeño, pero que es 15 años anterior al grande, y también es todo de mármol. Vale la pena, se visita rápido, y en contraste con el grande, aquí se está tranquilo, casi no hay turistas. Para llegar hasta allí, en el clásico regateo por el rickshaw, dos casi se curran por cogernos. De hecho uno ya estaba pegándole empujones al otro, nos ponemos por en medio y nos vamos con el agredido, el otro se queda con cara de tonto.
Acabamos comiendo pasadas las 4, en el Joney’s Place, un tugurio con mala pinta, pero con unos precios reventados y todo buenísimo. Si no lo citara la guía, no entraríamos ni locos, pero ahora lo recomendamos excepto para los escrupulosos a los que les importa que haya moscas hasta dentro de la nevera.
La digestión la hacemos en un cyber, en el que conocemos a unos mallorquines que hacían un viaje estilo al nuestro pese a tener alrededor de 50 años. Eran del tipo quemados por la mierda que inunda todo por aquí. Nos explicaron que es peculiar de la India, que habían viajado mucho, y que por ejemplo, Vietnam es Porcelanosa comparado con la India. “Són uns guarros, es indios són porcs I no n‘hi ha més” decía el hombre.
Para acabar este día intenso, pensamos en ir a pasear a un pequeño parque que a priori no tenía mala pinta: el Taj Nature Walk. Por 50 rupas prometía vistas diferentes del Taj Mahal, un montón de especies de pajáros y también variedad de mariposas. La vista del Taj sí la tenía, pero pájaros divisados igual a cero, y mariposas igual a 1. Lo único que vimos (en este caso la María) fue una serpiente de medio metro. Un poco estafa el jardín en cuestión.
Descansamos un rato en el hotel, vamos a un restaurante cercano a cenar, pero no nos convence y acabamos cenando en el del hotel que no estaba mal del todo.
Después del madrugón que nos habíamos metido, nos vamos a dormir pronto, acabando así, el que sin duda ha sido uno de los días más inolvidables de nuestra vida.
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