Batimos el récord de madrugón del Taj Mahal. Esta vez la alarma suena a las 4:45. A las 5 estamos en la recepción del hotel donde nos tienen que recoger pero se han olvidado de nosotros. Un desastre. Despertamos a uno que hay por allí, y es evidente que algo ha pasado, pero no contaban con tener clientes para las barcas este amanecer. El tío llama por teléfono y acaban viniéndonos a buscar un barquero, pero ya son casi las 5:30. En este caso, los minutos son muy importantes: los rituales, los baños, las ofrendas principales se hacen justo al amanecer, cuando sale el sol, y éso es lo que queríamos ver desde la barca. Arrancando a las 5. Encima, cuando por fin llegamos a la barca, la habitual desorganización… Unos niños de 7-8 años son los que nos dirigen por el muelle y nos suben a la barca, mientras los remeros oficiales vete tú a saber qué están haciendo (más pérdida de tiempo) y para rematar, cuando por fin arrancamos, se van en dirección contraria porque dicen que tienen que recoger dos turistas más. Nos ponemos serios, y giran para la dirección correcta, pero ahora ya son las 5:45, veremos el final de los rituales… pero bueno, a partir de aquí intentamos ser positivos y disfrutar de la experiencia, que aun así, es una vez más impresionante. Muy bonito, muy especial, el mosaico humano que se va viendo por los Ghats al empezar el día.
Hacemos unas 2 horas de paseo, al llegar a la recepción del hotel montamos pollo al tío y, sorpredentemente, más o menos reconocen la cagada. Pagamos menos de lo que habíamos pactado, y nos olvidamos del tema. Nos duchamos, desayunamos, internet rápido, check-out y rickshaw hacia el aeropuerto. Justo antes de abandonar la habitación, vimos el tercer cortejo fúnebre de estos días, este diferente, porque les vimos pasar desde la 3ª planta del hotel.
Este día del viaje, a parte de ver amanecer en los Ghats, está planteado como día de transición para saltar más al norte, al Punjab. Cogeremos un vuelo interno (de Varanasi a Delhi) y luego un tren hasta Amritsar, con lo cual creo que habremos recorrido más de 1200 kilómetros. Lo de coger un vuelo de una compañía de bajo coste India, quizá suena mal, pero si te informas antes de venir, nadie ha tenido nunca problemas, más allá de los retrasos que también se tienen de vez en cuando en Europa.
Llegamos con mucha anticipación al aeropuerto, entre otras cosas porque las 2 horas que nos habían dicho que se tardaba, en realidad era una. El aeropuerto en sí, curioso, pequeño, todo tirando a cutre pero bien. Un poco pesados con lo escáners al equipaje de mano (el único que llevamos), a la María en uno de los varios que había que pasar le hicieron sacar una por una todas las cosas de la mochila e ir explicando que era todo (maquillaje, chubasquero, etc.).
El avión de SpiceJet era un 737 moderno, perfecto. El vuelo salió con unos 40 minutos de retraso, pero no nos estresamos mucho, porque el margen para coger el tren era de más de 3 horas.
Llegamos a la terminal de vuelos domésticos, txci-prepaid (esta vez sin problemas) y nos cruzamos media ciudad para llegar a la estación de Old Delhi. En el trayecto, atravesamos toda Nueva Delhi, que es la parte que hicieron los ingleses (estilo ciudad europea), el contraste es brutal. La parte nueva son avenidas anchas, ordenadas, con ´rotondas, semáforos, tráfico organizado, muy verde, poca gente y un ambiente tranquilo. Cuando de golpe cruzas un túnel corto y entras en Old Delhi, el cambio es brutal, caos por todos lados, riadas humanas, pobres tirados incluso en las medianas de la carretera, suciedad, vacas …
Acabamos llegando a la estación a las 20:00, tenemos más de una hora para cenar tranquilos y para el tren, Por primera vez, no vemos ni un sólo occidental en el andén… ¿dónde nos estamos yendo? No hay problema, sabemos que el Punjab es menos turístico, aunque sí que va gente, en nuestro mismo viaje hemos conocido a varios que se dirigían hacia alllí, y además las referencias son que es una zona menos degradada y más tranquila para el turista. Por eso lo dejamos para la última semana, a ver como nos va…
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