martes, 10 de agosto de 2010

Dia 17: Ultimo dia en Varanasi, viaje a Amritsar

Batimos el récord de madrugón del Taj Mahal. Esta vez la alarma suena a las 4:45. A las 5 estamos en la recepción del hotel donde nos tienen que recoger pero se han olvidado de nosotros. Un desastre. Despertamos a uno que hay por allí, y es evidente que algo ha pasado, pero no contaban con tener clientes para las barcas este amanecer. El tío llama por teléfono y acaban viniéndonos a buscar un barquero, pero ya son casi las 5:30. En este caso, los minutos son muy importantes: los rituales, los baños, las ofrendas principales se hacen justo al amanecer, cuando sale el sol, y éso es lo que queríamos ver desde la barca. Arrancando a las 5. Encima, cuando por fin llegamos a la barca, la habitual desorganización… Unos niños de 7-8 años son los que nos dirigen por el muelle y nos suben a la barca, mientras los remeros oficiales vete tú a saber qué están haciendo (más pérdida de tiempo) y para rematar, cuando por fin arrancamos, se van en dirección contraria porque dicen que tienen que recoger dos turistas más. Nos ponemos serios, y giran para la dirección correcta, pero ahora ya son las 5:45, veremos el final de los rituales… pero bueno, a partir de aquí intentamos ser positivos y disfrutar de la experiencia, que aun así, es una vez más impresionante. Muy bonito, muy especial, el mosaico humano que se va viendo por los Ghats al empezar el día.

Hacemos unas 2 horas de paseo, al llegar a la recepción del hotel montamos pollo al tío y, sorpredentemente, más o menos reconocen la cagada. Pagamos menos de lo que habíamos pactado, y nos olvidamos del tema. Nos duchamos, desayunamos, internet rápido, check-out y rickshaw hacia el aeropuerto. Justo antes de abandonar la habitación, vimos el tercer cortejo fúnebre de estos días, este diferente, porque les vimos pasar desde la 3ª planta del hotel.

Este día del viaje, a parte de ver amanecer en los Ghats, está planteado como día de transición para saltar más al norte, al Punjab. Cogeremos un vuelo interno (de Varanasi a Delhi) y luego un tren hasta Amritsar, con lo cual creo que habremos recorrido más de 1200 kilómetros. Lo de coger un vuelo de una compañía de bajo coste India, quizá suena mal, pero si te informas antes de venir, nadie ha tenido nunca problemas, más allá de los retrasos que también se tienen de vez en cuando en Europa.

Llegamos con mucha anticipación al aeropuerto, entre otras cosas porque las 2 horas que nos habían dicho que se tardaba, en realidad era una. El aeropuerto en sí, curioso, pequeño, todo tirando a cutre pero bien. Un poco pesados con lo escáners al equipaje de mano (el único que llevamos), a la María en uno de los varios que había que pasar le hicieron sacar una por una todas las cosas de la mochila e ir explicando que era todo (maquillaje, chubasquero, etc.).

El avión de SpiceJet era un 737 moderno, perfecto. El vuelo salió con unos 40 minutos de retraso, pero no nos estresamos mucho, porque el margen para coger el tren era de más de 3 horas.

Llegamos a la terminal de vuelos domésticos, txci-prepaid (esta vez sin problemas) y nos cruzamos media ciudad para llegar a la estación de Old Delhi. En el trayecto, atravesamos toda Nueva Delhi, que es la parte que hicieron los ingleses (estilo ciudad europea), el contraste es brutal. La parte nueva son avenidas anchas, ordenadas, con ´rotondas, semáforos, tráfico organizado, muy verde, poca gente y un ambiente tranquilo. Cuando de golpe cruzas un túnel corto y entras en Old Delhi, el cambio es brutal, caos por todos lados, riadas humanas, pobres tirados incluso en las medianas de la carretera, suciedad, vacas …

Acabamos llegando a la estación a las 20:00, tenemos más de una hora para cenar tranquilos y para el tren, Por primera vez, no vemos ni un sólo occidental en el andén… ¿dónde nos estamos yendo? No hay problema, sabemos que el Punjab es menos turístico, aunque sí que va gente, en nuestro mismo viaje hemos conocido a varios que se dirigían hacia alllí, y además las referencias son que es una zona menos degradada y más tranquila para el turista. Por eso lo dejamos para la última semana, a ver como nos va…



Dia 16: Varanasi, dia 2


Este es otro de los días que empezamos con la calma, Desayunamos en el hotel, donde conocemos unos vascos muy majos que hacen un viaje parecido al nuestro pero nos llevan un día de ventaja, hoy ya se van al norte. Les preguntamos por si han hecho el paseo en barca por los ghats al amanecer, y nos explican que lo cogieron con los del hotel y todo muy bien. Pensamos que es buena opción, porque no es plan de ponerse a regatear a las 5:00 de la mañana con los barqueros directamente, así que hablamos con el de recepción y lo cerramos, además a muy buen precio.

Acabamos saliendo a la calle pasadas las 10:30, empezamos las visitas del día por un par de templos que están por el barrio en el que estamos. En el de Durga, nos estamos un buen rato viendo el ambiente, es un templo hindú pequeño pero de los que nunca aburren porque hay mucho movimiento.

Después vamos a un templo que no sale ni en la Lonely Planet, le llaman el templo de los monos. Otra gran experiencia, estuvimos más de una hora y no había ni un turista. Mucha gente, mucho ambiente de indios, y muchos monos, del tipo relativamente pacífico. Si hubiéramos querido podríamos habernos sentado con ellos, pero preferimos mantener siempre una distancia prudencial de 4-5 metros.

Para comer fuimos al primer (y quizá último) centro comercial del viaje a la India. Era modesto, pero correcto. Tiendas de ropa, de complementos, de regalos, papelerías. Se hacía extraño verlo todo con la etiqueta con el precio. Nuestras grandes compras fueron: yo, un boli y la María, una máquina de etiquetar.

Y ya, para lo que quedaba del día, volvimos al meollo de los Ghats. A echar otra tarde viendo como esta gente hace de todo alrededor del Ganges. En un Ghat que no habíamos estado el día anterior, visitamos un templo nepalí, con esculturas de madera pornográficas: muy originales las posturas que creaban hace 400 años. A la entrada del templo había un espabilado que pedía 70 rupias, cuando realmente vale 10. Son unos cracks.

Paseando, nos cruzamos con un tío que tenía una cobra suelta. La María no reemprendió la marcha hasta que no se aseguró que el amigo la tenía controlada. Vimos la puesta de sol, desde un Ghat tranquilo, y cuando anocheció volvimos rápido a la zona del hotel, que sin luz puede ser una odisea intentar salir de las callejuelas que rodean al río.

Un poco de internet antes de cenar y la María llamó a España por primera vez en el viaje: ella se quedó muy contenta, pero en Sanabria parece que estaban un poco cagados por las noticias de las lluvias torrenciales. No nos ha pillado, ni vamos a ninguna zona afectada. Lo más que nos acercaremos, es a unos 400 kilómetros creo. Todo controlado.

sábado, 7 de agosto de 2010

Dia 15: Varanasi



Cucarachas. Ese era el motivo por el cual los indios se habían cambiando de literas en el compartimento del vagón. Para la María una pesadilla total, casi no pegó ojo en toda la noche porque estuvo de pie evitando los bichos. Se lo dijo al revisor, pero pasó de todo. Ya hacía el final del viaje, un segundo revisor sí que hizo caso, y roció la parte de abajo de nuestra litera, no sirvió de mucho, de todas maneras ya daba igual, era necesario 8 horas antes.
Sobre el mediodía llegamos a Varanasi, seguramente la ciudad más especial de la India. Es la ciudad de la muerte, para los hindús es sagrada, dicen que si mueres aquí, te sales del ciclo de las reencarnaciones (lo cual se ve que es bueno), y por éso, muchos moribundos andan por aquí. Todo gira alrededor del Ganges, el río sagrado, bañarse purifica, por éso a parte de los moribundos también hay muchos monjes, peregrinos, etc. por la ciudad. A orillas del río se queman los cadáveres y lanzan las cenizas, excepto de las embarazadas, los bebés, los santos y a los que les ha picado una cobra… de todos ésos, tiran los cadáveres directamente al río, sin incinerar. Esperemos no cruzarnos con ninguno.
En la estación hacemos el 2º y último intento de coger un rickshaw de prepago, porque al igual que en Agra, la corrupción ha llegado a la garita del pre-paid. Acabamos eligiendo un rickshaw cualquiera, un mafias se nos sube para acompañarnos, le echamos del vehículo y se dedica a perseguirnos durante la media hora de trayecto, rollo serie policiaca, siempre dos coches más adelante o más atrás. Aunque podría acojonar, a nosotros nos divierte la situación. Sabemos que el pesado quiere una comisión del hotel, a nosotros no se atrevería a molestarnos en serio. Cuando por fin llegamos al hotel, nos dan la habitación sin problemas (esta vez sí que ha funcionado el reservar por teléfono un par de días antes) y al abandonar la recepción, vemos que el mafias está entrando a pedir dinero. Dan ganas de intervenir, pero pasamos, si el hotel quisiera evitar a los comisionistas facilitaria la recogida en la estación como hacen muchos, ya se apañarán.
Nuestro hotel está muy cerca del Assi Ghat, el más importante de la parte sur del río. Visitar Varanasi consiste en pasear por los Ghats (escaleras de piedra que bajan al río, donde se hace de todo), hay 80, e ir viendo tranquilamente como fluye la vida y la muerte por allí.
En el mismo Assi Ghat hay una pizzeria recomendada por la guía en la que nos zampamos unas pizzas hechas en horno de leña muy buenas, todo un lujo, de lo mejor que hemos comido en la India.
Las mareas humanas, como siempre son impresionantes, gente por todos lados, pero tampoco nos parece tan exagerado como nos pintaban antes de venir. Varanasi tiene fama de ser con diferencia la ciudad más caótica de la India. O hemos pillado el día bueno, o ya estamos inoculados de todo, porque no nos ha parecido para tanto. Hay caos, pero es comparable al de Delhi o Jaipur.
Vamos callejeando, saliendo a los ghats de vez en cuando por la zona vieja de la ciudad. Lo más destacable de estas horas es que nos acercamos al Manikarnika Ghat: el crematorio. Funciona las 24 horas, y a la vista del que se atreva acercarse, hacen todo el ritual funerario. Allí el olor sí que es muy desagradable, porque a la vez hay 3 o 4 hogueras en la que están quemando cuerpos. Todo muy impresionante. La María se paró a una distancia prudencial, yo me acerco por arriba a un punto discreto, en el que los familiares de los muertos no me ven y escucho las explicaciones de uno que había por allí. Sin duda es una cosa morbosa, y sobre la que habría que dar varias palizas a turistas insensibles que se dedican a echar fotos y mirar las incineraciones como si fuera un baile regional. Yo vi un par de cadáveres quemándose a unos pocos metros y tuve demasiado. En seguida me volví.
Ya volviendo hacía el centro, nos cruzamos con un cortejo funerario que llegaba al crematorio, llevaban el cadáver amortajado en una camilla. Muy impresionante también. Y antes de salir de la zona de callejuelas estrechas, todavía estuvimos a punto de descalabrarnos, porque de golpe cayó a unos 5 metros de nosotros una tapa grande de aire acondicionado desde un edificio, luego piedras… resulta que era un mono enfadado, que externalizaba su frustración. Nos paramos hasta que un indio lo calmó un poco y pudimos pasar.
A las 19:00, todas las tardes del año, hacen en algunos Ghats ceremonias para despedir el día, agradecer a los dioses, purificarse, etc. Nosotros fuimos una hora antes al Dasaswameth, que dicen que es en el que el ritual es más impresionante. La espera fue muy interesante, porque en un Ghat de Varanasi nunca te aburres. A parte de los clásicos buscavidas que ofrecen de todo a los turistas, no paras de ver cosas que llaman la atención: familias enteras metiéndose al río (con ropa), tíos raros haciendo yoga, fauna diversa (cabras, monos, vacas, búfalos, perros),… Es difícil de describir, hay que echar una tarde allí para acabar de entenderlo.
La ceremonia empezó puntual, sobrecogedor el ambiente. Unos monjes en priimera fila, haciendo el ritual, otros cantando himnos, muchos indios sentados en los escalones rezando, velas en cuencos que van soltando al río… Aunque encontramos que para los no introducidos en el hinduismo se hace un pelín pesado, por repetitivo. En parte, porque no recuerdo en referencia a qué Dios, repiten todo siempre 5 veces.
Ya para el hotel, no teníamos hambre y nos fuimos directos sin cenar a descansar, que otra vez más había sido un día duro e intenso, aunque inolvidable.

Dia 14: Fathepur Sikri


El plan de este día es hacer una excursión de ida y vuelta a Fathepur Sikri, que está a 40 kilómetros, y por la noche coger el tren nocturno hacia Varanasi. Estudiadas las opciones, nos decidimos por la cutre, ir en autobús. No es complicado, y no tiene riesgo porque hasta las 23:30 no saldrá nuestro tren.

Como somos muy demócratas cada uno desayuna en un sitio diferente. La María en el hotel, yo mientras le acompaño en la mesa, voy leyendo cosas de la ciudad a la que vamos. Pagamos el hotel, y con las mochilas vamos a que yo desayune al Joney’s Place. Pero no hay manera, ya ayer cogimos la única mesa libre, el resto estaba invadido por un grupo de unos 20 japoneses. Hoy se ve que son 24 y no hay sitio, tampoco tiene pinta que se vayan a ir pronto. Así que nos metemos en el de al lado, que está recomendado por la Lonely. Buen desayuno a precio barato, pero al abrir el bote de azúcar para echarla a la leche, me aparecen de dentro tres hormigas gigantes, No soy nada escrupuloso (y aquí lo estoy confirmando), pero esto fue realmente muy desagradable.

Una vez desayunados los dos, nos vamos a la estación de tren a dejar las maletas en la “cloack room” y luego a la de autobuses. Están a menos de un kilómetro una de la otra. Para entrar no hay problemas, pero salir de cualquier estación de la India, para los turistas, siempre es un agobio, son momentos de acoso en las que los de los rickshaws y otros buscavidas variados se ponen muy muy pesados. En esta estación que estábamos ahora, que no era a la que llegamos de Agra, había una cabina de “pre-paid rickshaw”, a lo que pensamos, que por una vez podríamos ir directos, y sin tener que regatear con nadie… Pues no fue posible, resulta que los mafiosillos deben tener sobornados a los funcionarios de la garita, porque un pesado de esos, que pedía un precio multiplicado por cuatro entró físicamente al mostrador del funcionario, no le dejó que nos diera la tarifa real y ni que nos contestara. El funcionario no abría la boca. Alucinante. Lógicamente, pasamos de allí, y como es un trayecto muy corto, buscamos uno de los de bicicleta.

Como era previsible el autobús en España no habría servido ni para ir al desguace. El pasillo tenía un par de grietas por las que podías ver el asfalto, y toda la parte de delante tenía el techo medio metro abollado hacía dentro. Optamos por sentarnos en la mitad de atrás…

El trayecto debió durar casi media hora más de lo que en teoría es. Fue agradable, estuvimos un buen rato hablando con un holandés que se defendía bien en castellano, que había venido a una boda indio-holandesa, y se había quedado a dar vueltas por el país. Todo un personaje. Del vaije también fueron destacables las minifurgonetas que nos adelantaban con gente agarrada por fuera, una de las que nos debió pasar a más de 80 por hora, llevaba 4 tíos agarrados al maletero, y dos en cada lateral…. Kamikazs total.

Al llegar a Fathepur, como nos lo hemos tomado con la calma, y ya es casi la hora, decidimos empezar la visita por el único restaurante recomendado de la zona. Muy bien, amables,. Nos metemos dos buenos platos por pocas rupias.

Fathepur Sikir es un sitio con una historia curiosa. En el siglo XVI, un emperador mogol decidió trasladar la capital allí. Construyó una mezquita gigante (tiene la puerta más grande de toda Asia, te sientes enanísimo), y una serie de palacios, para él y toda su corte. En lo que no cayeron es en que los seres humanos bebemos agua y eso estaba en una zona semidesértica sin posibiliddad de abastecerse en la época. Con lo cual después de 15 años, la abandonaron. Ahora hay una parte de pequeño pueblo caótico como todos los de la India, pero la parte antigua, ha quedado como una ciudad imperial fantasma, todo un poco misterioso, porque no se sabe para que servían la mayoría de edificios. A mi me gustó, a la María no, porque el nivel de pesados y en este caso niños pequeños agobiando, era mayor de lo habitual..

Hacemos la visita y a las 4 y poco estamos preparados para coger uno de esos autobuses que pasan cada media hora…. Debimos estar casi hora y media esperando, menos mal que no teníamos prisa para coger el tren. Mientras yo paseaba por un bazar, la María estuvo hablando cun una americana que sí que estaba un poco de los nervios porque su tren salía antes. Esta mujer, llevaba un par de meses por la India, había estado trabajando para Unicef en Bangalore, y le explicó a la María que lo del agobio al turista sólo se lo estaba encontrando en el Norte (toda nuestra ruta), que el peor sitio de todos, había sido justamente el de hoy:Fathepur Sikri.

Finalmente aparece el bus, obviamente va petadísimo. Como ya vamos siendo conocedores de las costumbres del país, estamos ágiles para pillar sitio. Los conceptos cola o orden de llegada aquí son desconocidos. Conseguimos sentarnos!

Sobre las 7, estamos ya en la estación, faltan 4 horas para que salga el tren. Rutina habitual en estos casos.. Comer algo en el sitio más digno posible y a la waiting room, y media hora antes de la salida, ya llega el tren al andén. Para adentro. Esta vez hay un matrimonio de indios mayores en nuestras literas, aceptamos el cambio educadamente, nos da igual unas que otras. Fue un gran error…

viernes, 6 de agosto de 2010

Dia 13: Agra



La idea es ver amanecer en el Taj Mahal, para éso nos levantamos poco después de las 5:30. Aunque como presagiábamos el día no acompaña del todo, está nublado y hay una bruma que no dejará ver el sol hasta que no esté alto. Llegamos a la puerta Este antes de las 6, pero error, las entradas hay q sacarlas en una taquilla que está a un kilómetro (no hubiera estado mal algún aviso en la recta que acabamos de patearnos). Menos mal que hay un carrito eléctrico que nos lleva y nos trae de vuelta.

Al segundo intento, lo conseguimos: entramos en el Taj Mahal. Hay más turistas de los que nos gustaría, pero todavía son sólo unas decenas. Lástima, porque antes tenía pinta de no haber casi nadie.

Como es conocido, es un mausoleo que hizo construir el emperador Sha Yahan después del disgusto que le suposo la muerte de su mujer favorita en el parto nº 14. Como se ve que el hombre estaba muy enamorado y ella era muy guapa, quiso hacer algo que pasara a la eternidad y es impepinable que lo consiguió.

Aunque no es la opinión unánime en nuestra pareja, yo opino que estar delante del Taj Mahal, ya compensa todo el gasto económico, complicaciones y agobios, que supone cruzarse medio mundo para viajar por la India. Impresionante, espectacular, deja sin respiraciónno defrauda, para mi es sin duda lo más bonito que ha construido nunca el ser humano. Insuperable. Hay un punto exacto, a una distancia media del monumento, en el que te ocupa todo el campo visual, y se puede disfrutar todo el juego de simetrías entre el edificio y los jardines que le rodean, que hay que estar allí para que te impregne. No pasa como con otros monumentos que cuando llegas delante tienes la sensación de que no te sorprenden porque llevas toda la vida viéndolos en fotos. En éste se sienten cosas especiales estando allí. Hay que ir.

A estas alturas ya no nos sorprende, pero supongo que el que empiece el viaje por Agra, alucinará con que la mayoría de turistas indios nos echaban más fotos a nosotros (y al resto de occidentales) que al monumento. En concreto, había dos japonesas a las que tenían martirizadas.

Nos tiramos más de 3 horas por allí, el mausoleo en sí se ve en 5 minutos. Volvemos al hotel, desayunamos, nos duchamos, internet y de vuelta al lío. Es imprescindible coger un hotel cerca del Taj, sobretodo si se quiere visitar temprano, además la zona es tirando a tranquila.

Agra es una ciudad grande, desperdigada. En los foros de viajeros tiene especial mala fama. Veníamos alerta, pero al final, nos ha parecido de las menos agobiantes que hemos visitado.

El siguiente punto de visita fue el Agra Fort. Otro fuerte (y van cinco). Está bien, pero vistos otros, éste no mata. Aunque creo que vale la pena. Además se ve bonito el Taj Mahal a lo lejos. En este fuerte resulta que pasó los últimos 8 años de su vida, el que construyó el Taj, encarcelado por su propio hijo. El pobre, miraba todo el día amargado el mausoleo de la otra, cuando la palmó, lo llevaron directo por el río para enterrarlo con ella.

Hacemos un cambio de planes, y aunque ya tocaría comer, vamos al último punto de visita programado: el Baby Taj. Así llaman a otro mausoleo mucho más pequeño, pero que es 15 años anterior al grande, y también es todo de mármol. Vale la pena, se visita rápido, y en contraste con el grande, aquí se está tranquilo, casi no hay turistas. Para llegar hasta allí, en el clásico regateo por el rickshaw, dos casi se curran por cogernos. De hecho uno ya estaba pegándole empujones al otro, nos ponemos por en medio y nos vamos con el agredido, el otro se queda con cara de tonto.

Acabamos comiendo pasadas las 4, en el Joneys Place, un tugurio con mala pinta, pero con unos precios reventados y todo buenísimo. Si no lo citara la guía, no entraríamos ni locos, pero ahora lo recomendamos excepto para los escrupulosos a los que les importa que haya moscas hasta dentro de la nevera.

La digestión la hacemos en un cyber, en el que conocemos a unos mallorquines que hacían un viaje estilo al nuestro pese a tener alrededor de 50 años. Eran del tipo quemados por la mierda que inunda todo por aquí. Nos explicaron que es peculiar de la India, que habían viajado mucho, y que por ejemplo, Vietnam es Porcelanosa comparado con la India. Són uns guarros, es indios són porcs I no nhi ha més decía el hombre.

Para acabar este día intenso, pensamos en ir a pasear a un pequeño parque que a priori no tenía mala pinta: el Taj Nature Walk. Por 50 rupas prometía vistas diferentes del Taj Mahal, un montón de especies de pajáros y también variedad de mariposas. La vista del Taj sí la tenía, pero pájaros divisados igual a cero, y mariposas igual a 1. Lo único que vimos (en este caso la María) fue una serpiente de medio metro. Un poco estafa el jardín en cuestión.

Descansamos un rato en el hotel, vamos a un restaurante cercano a cenar, pero no nos convence y acabamos cenando en el del hotel que no estaba mal del todo.

Después del madrugón que nos habíamos metido, nos vamos a dormir pronto, acabando así, el que sin duda ha sido uno de los días más inolvidables de nuestra vida.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Dia 12: Salida de Jaipur, llegada a Agra



Este va a ser rápido de explicar.

La mañana seguimos en el hotel, relajados. Check-out a las 12 y otra vez al Mac Donald’s a comer, es curioso que aquí para comer ligero y sin que te haga daño, la mejor solución que tenemos es ir al Mac Donald’s.

Y ya para la estación en la que a las 14:50 salía nuestro tren hacia Agra. Volvemos a coincidir con un conductor de rickshaw majo, tranquilo y hablador, además este como sabía que nos pirábamos de la ciudad, no hacía ofertas comerciales.

En la estación estamos un rato en la Waiting Room de los que viajan en las primeras clases, y cuando salimos al andén ya para esperar el tren, cae el monzón con toda su fuerza. Se empiezan a crear goteras primero, chorros después y canales de agua más tarde. Menos mal que llega el tren porque no sé yo si esa estacíón aun sigue en pie, habrá que buscarlo por google news.

Trayecto de más de 4 horas, tranquilos, viendo el paisaje, leyendo, series en el ordenador... Todo muy bien. Volvemos a recomendar a todo el mundo que elija el tren para viajar por la India, eso sí en AC2 que es la 2ª categoría y se va de lujo.

A las 19:30 ya estamos en la ciudad del Taj Mahal, no lo podemos ver porque es de noche pero en el trayecto al hotel ya nos indica el del rickshae donde cae y se intuye su silueta. Antes en la estación, justo al bajar, por primera vez desde que estoy aquí entiendo palabras en hindi: “Hare krisna, hare hare!” Son un grupo de eso mismo, con su típica canción y sus típicos saltitos. Muy curioso lo de verlos en su contexto real, la gente en vez de mirarlos como que están volados, les hacía reverencias.

Llegamos al Taj Plaza Hotel, y nos dicen que la reserva que hicimos ayer (y nos confirmaron) por teléfono no es válida porque sólo cogen las de internet, no pueden ayudarnos porque el hotel estácompleto. Montamos un poco de pollo, se hacen los suecos, pero cuando sacamos la Lonely Planet, y amenazamos (lo ibamos a hacer seguro) con explicarles lo que hacen en el hotel que recomiendan, cambian la cara, y de golpe encuentran habitación para nosotros. En realidad es una habitación que tenían vacía porque acaban de pintar las puertas. Menos mal, si no ncsonseguíamos alojar aquí, el panorama era complicado.

Este hotel está a escasos 600 metros de la puerta Este del Taj Mahal y en el restaurante de la terraza donde cenamos tiene unas magníficas vistas, que de momento nos sirven para ver de más cerca la silueta del famoso edificio. A ver que tal mañana, que habrá madrugón para verlo…

Dia 11: Jaipur (Amber fort)

A las 9 de la mañana habíamos quedado con Sonu, un indio con el que hicimos ayer un viaje corto en su rickshaw, nos pareció diferente a los demás, y aceptamos su oferta para llevarnos al Amber Fort (que es a donde vamos todos los turistas el 2º día que estamos en Jaipur y, por eso, los de los rickshaws se ofrecen por anticipado). Este es un tío simpático, que sonríe mucho, que no agobia y sobretodo que conduce tranquilo y sin usar la bocina continuamente. Para convencernos nos enseñó su libreta de buenas referencias escrita por guiris de todo el mundo que han tenido experiencias positivas con él, había varios españoles flipadísimos que le mandan cartas y no paran de invitarle a España.

Arrancamos hacia el fuerte de Amber que está a poco más de 10 kilómetros de Jaipur. A medio camino se le pincha la rueda y toca parar a arreglarla. La suerte es que justo ha coincidido que estamos delante del Jal Mahal un pequeño palacio en medio de un lago que teníamos previsto parar al volver. Así que aprovechamos para verlo lo más cerca que se puede y echar las fotos. Mientras tanto, Sonu ya ha conseguido dos piedras para hacer de gato y un chaval que le ayude. La rueda la cambian rápido, pero para poner el parche a la pinchada se tiran media hora en la que aprovechamos para desayunar en una gasolinera que hay cerca.

Reemprendemos la marcha, a 1 km del final nos para en la cuneta para bajar a hacernos unas fotos en las que ya se puede ver el fuerte… ventajas de llevar un conductor simpático. Pero nuestra relación con Sonu empieza a deteriorarse cuando le decimos que vamos a subir al fuerte en elefante, que no nos importa pagar lo que haya que pagar, porque nos gusta gastar nuestro dinero en esas cosas y no en compras. Aun así nos advierte que no compremos nada dentro, que todo es de mala calidad, que el conoce sitios excelentes y baratísimos en los que además no presionan nunca al turista. Este pobre no se da cuenta todavía con quien se ha topado…

El fuerte de Amber es espectacular como lo son muchos por aquí. En realidad es un fuerte, más un palacio, más otros dos fuertes muy cercanos, más unas murallas en el lado opuesto de la montaña, más un lago artificial en la base. Todo en un valle un poco apartado. Muy bonito. Pero lo que hace especial a éste respecto al resto, es que para llegar a la puerta principal, el kilómetro de subida, se puede hacer en elefante. Como la cosa triunfa, se han subido a la parra y casi han duplicado el precio en los últimos años, es con diferencia, lo más desproporcionado que pagaremos en este país, pero hay que aplicar lo de que son cosas que se hacen una vez en la vida.

Nos subimos al elefante y para arriba. Es divertido, el animal va subiendo haciendo diagonales y tambaleándose, tranquílo. A mi me daba miedo alguna cosa que había leido sobre que estos elefantes están maltratados, explotados, etc. Quizás ha mejorado la situación recientemente, porque no me dio la sensación. Dentro de lo que es la India, estaban limpios, se les veía sanos y el párking donde se empieza, no era agobiante. Muchos seres humanos por aquí viven en peores condiciones. Cuando bajan solos sin turistas, van felices comiendo hierba y moviendo la cola. Igual es porque es temporada baja y al haber menor número de elefantes preparados, los pueden cuidar mejor. Resumiendo: toda una experiencia entrar por el porticón de un fuerte medieval a lomos de un elefante.

La visita al fuerte en sí, la hacemos a nuestro ritmo relajado, con la audioguía, y también salimos contentos. Al salir, compramos la típica foto tipo Port Aventura que nos habían hecho mientras subíamos con el elefante y bajamos caminando a reencontranos con Sonu.

Ahora, el tío pone toda la carne en el asador, y nos intenta convencer para ir a ver tiendas, pero fracasa. Como era previsible, cambio de actitud, no pasa a borde, pero desaparece el tío simpático.. Le decimos que simplemente nos vuelva a la ciudad y nos deje en el Mac Donald’s (no tenemos los estómagos como para jugárnosla). Como ve que no le queda otra, se pone a conducir,. Aun hace dos intentos más. Primero, nos para en un mirador para que echemos fotos, mientras nos da información cultural sobre Jaipur que deriva casualmente en que conoce a uno que tiene unas telas buenísimas que nos enseñará todo el proceso de elaboración sin pedir nada a cambio… declinamos una vez más su ofrecimiento. Y su último intento a la desesperada, ya en la ciudad, es pararnos delante de la tienda de un amigo suyo que vive medio año en Madrid y que le gusta mucho hablar con españoles. Tampoco cuela. Nos lleva donde toca, le pagamos y adiós (por la mañana nos había recibido con abrazos, ahora ni nos da la mano). Pese a lo escrito, para mi no fue una experiencia desagradable, creo que es lo máximo que podemos conseguir de cercanía con un indio con el que al fin y al cabo sólo te relacionas un rato mientras él está trabajando. Y mientras estaba simpático, fue muy interesante estar con él.

Después de comer, internet para intentar reservar los hoteles que nos faltan en nuestra ruta, pero a la María le vienen retortijones y como me ha salido especialita, no le gusta cagar de pié, en lavabos mugrientos y sin papel, y hay que volver urgentemente al hotel.

Ya no salimos más en todo el día. La María sigue con sus problemas estomacales, además el agobio de la India le ha desbordado, y va bien aislarse unas horas para que baje el nivel de las aguas.